LA VIRGINIDAD


 

 

     La virginidad es el estado puro que emana de la mujer y, aunque no determina su calidad como ser humano, es símbolo del estado perfecto de la belleza femenina.

 

         La virginidad se ofrece o se pierde en un momento que se debe llamar consagración de la pareja. No hay tiempo ni edad ni madurez después que se inicia la adolescencia, para que pase este acontecimiento. Simplemente ha de ocurrir.

 

         Cuando se ofrece en la consagración del amor de una pareja y es parte de un camino venturoso “hasta que la muerte nos separe”, no deja de ser un motivo de felicidad y hasta el cielo se alegra de que así sea.

 

         Pero cuando se pierde en el infortunio de un instante de insensatez y curiosidad vana, es para recordarlo como una catástrofe personal en el transcurrir de la vida. Es el estado ideal que ya no vuelve a ser y por lo tanto hay que darle su sentido de privilegio de la vida y de valor universal sobre el cual hay que reflexionar con detenimiento, amplitud y criterio de un pensamiento libre y razonable.

 

         La virginidad no lo es todo en la vida, pero es un motivo de orgullo personal el saber que es un privilegio que se posee y que no es algo inservible que se tira a la basura como un producto desechable. No, la virginidad es mucho más: es un secreto que sólo se devela una vez.

 

         Si has pensado ofrecerlo o perderlo deposítalo en las manos de quien sepa valorarlo. Más que confiar en tu corazón, analiza el contexto y el futuro que te depara el ser en quien se está quedando ese tesoro que es muy tuyo y que se va a convertir en el recuerdo más alegre o más triste de tu vida. Piensa en la virginidad como un regalo del cielo antes de dar el siguiente paso.

 

         Tu virginidad no determina tu felicidad futura, pero es un amanecer que no se desea ver nublado, sino siempre lleno de un resplandor motivante cuando ya vengan los años otoñales y entonces sepas valorar el grado de influencia que tuvo en el transcurso de tu vida.

 

         Pasados los años se verá como un acontecimiento más o como un privilegio que la vida te concede. Elige tú la flor que más te agrade: la violeta intacta en el corazón o la rosa maltratada que cayó un día de lluvia hasta rodar a la alcantarilla.

 

         Si una mano recoge la flor antes de perderse en la alcantarilla y la limpia con lágrimas del corazón, esa flor sabrá de la pureza tanto como la violeta intacta, te lo puedo asegurar, pero es mejor que no divagues por esos senderos.

 

         La vida es un arco iris si sabes recorrerla y tomar las simplicidades de sus colores, no opaques este instante de tiempo que transcurre velozmente. Sé pura con tu virginidad o sin ella, pero aprende a valorar tus tesoros íntimos. No los entregues a los cerdos con lengua de merolico. Valórate.

 

         Ofrenda tu virginidad cuando tu corazón y más que tu corazón te lo diga. Ella es el valle florido que adorna más que tu cuerpo: es parte de tu alma echa don de amor. Cúidala, que el tiempo llegará en que será ofrenda en las manos de la persona adecuada. Llegará ese momento como la muerte, la resurrección y la felicidad. Llegará, no te precipites.