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XCALUUMKÍN


 

 

 

Xcalumkín es una zona arqueológica que se encuentra a 30 minutos de Hecelchakán por la carretera que va a Bolonchén de Rejón. Es importante en la historia del Municipio, porque ahí está el origen de la fundación de Hecelchakán. El silencio y las ruinas pétreas acogen al visitante que se admira del misterioso secreto que se respira en su atmósfera de antiquísimas piedras y naturaleza serena de verdes matices.

Xcalumkín permanece mustio y plácido esperando el día en que sea restaurado, algún día habrá alguna autoridad que de nuevo levante sus edificios que dan testimonio de ciencia, arte y prodigio del espíritu ancestral.

En el pasado Xcalumkín era una próspera ciudad hasta el día que su gobernante vino de Champotón. No fue aceptado y se sucedieron acontecimientos que concluyeron con la peregrinación de la población a una nueva tierra de aposento.

Se sucedieron las sequías con su tórrido sol que afectaba a humanos y animales. La falta de agua secaba sus cosechas, el maíz y los demás vegetales necesarios para la alimentación; la gente se enfermaba, los niños, los ancianos también. Es muy seguro que hubo muertes. La gente culpaba al Batab extranjero.

Y todavía más lamentable, el cenote de aguas cristalinas lentamente se fue agotando hasta quedar seco, tal como lo vemos hoy día. Sin el líquido vital no se podían celebrar las ceremonias sagradas en el cenote. La gente emigró a un paraje que se encontraba cerca, donde había un nuevo cenote y allí se aposentó.

El nuevo lugar era la sabana del descanso, el Hecelchakán de hoy, donde los habitantes de Xcalumkín encontraron las condiciones propicias para volver a ser un pueblo próspero. De esos tiempos a hoy Hecelchakán conserva su contacto con la naturaleza y la sangre de los mayas indómitos.

El mestizaje continúa forjando su identidad de cosmos y progreso, de avances tecnológicos y de un pasado que no se olvida.

Xcalumkín quiere decir literalmente: dos veces la tierra del sol. Y ese es su significado, el lugar del renacer, el lugar donde el espíritu encuentra de nuevo la luz. En términos contemporáneos se diría que es el lugar del bautizo; el sumergimiento en el agua de un cenote para renacer a la vida consagrada del espíritu bajo el sol. A esta ceremonia se le denomina el Caputzihil.

Xcalumkín es la sombra de lo que fue, la agonía de un pueblo que no quiere desaparecer. Vendrán tiempos mejores y alguna autoridad restaurará esta ciudad que es el espíritu de Hecelchakán. Es nuestra identidad, la voz de los siglos esperando renacer, como el amanecer, que surge de las entrañas de la noche para ser la tierra que manifiesta su poderío bajo el sol.

 

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