LAS GEISHAS


 

 

 

 

 

Las geishas representan el sentimiento de aristocracia que florece en el alma del ser humano. Son el resultado de la fuerza de la inercia a la que Cristo llamó la “levadura” del pan, este instinto ejerce atracción a creer que por poseer elementos exclusivos o singulares se es más que cualquier otra persona. Es un sentimiento complejo que está siempre presente en la vida de la humanidad.

 

Por este sentimiento de clase es que prosperó la personalidad de las geishas en Japón. Vestidas como unas muñequitas de porcelana se creen exclusivas y superiores a las demás mujeres y ejercen el trabajo de cortesanas de elevada categoría que saben de actividades artísticas con el fin de entretener a los comerciantes y a la gente con un estatus económico importante.

 

Hay quienes afirman que no son cortesanas refinadas, sino que preservan la cultura del Japón al tener conocimientos de danza tradicional, música, ceremonias del te, conversación y literatura. Los salones del te eran los lugares donde se reunían para agradar a los clientes, y el tiempo de su estancia se medía con lo que tardara en consumirse una varita de incienso.

 

Estas mujeres se preparaban desde niñas para ejercer estos menesteres. Por lo general buscaban un protector rico al que llamaban “marido”, aunque de hecho se casaban raramente. Se dice que ellas ejercían el comercio sexual cuando por voluntad propia seleccionaban al cliente respectivo.

 

El maquillaje que las caracterizaba era la pintura blanca en el rostro y las manos, y utilizaban calcetines blancos en los pies que las hacían parecer unas muñecas de porcelana de refinados gustos. Se pintaban solamente el labio inferior de color rojo y llevaban como atuendo el kimono de seda.

 

La laca que utilizaban para el peinado con el tiempo les producía alopecia y la pintura blanca con su alto contenido de plomo les dejaba marcas en la cara, por lo cual, su periodo de servicio, se reducía a pocos años. En la actualidad utilizan cosméticos modernos.

 

Utilizaban sombrillas elaboradas con seda y varas de bambú, sandalias hechas con madera autóctona y llevaban la conversación de tal modo que su propósito no era contradecir al cliente sino entretenerlo.

 

Son un símbolo de Japón que refleja parte de su cultura. Los franceses se hacían pelucas blancas de algodón; los centuriones romanos llevaban una especie de falda como vestimenta lo mismo que los escoceses; los británicos tenían juegos de te muy delicados sólo aptos para manos muy refinadas; los españoles conquistadores llevaban medias propias de señores de alta jerarquía, y así cada pueblo ha tenido su “levadura” para ejercer sus rasgos de aristocracia con refinadas costumbres.

 

De esta levadura cristiana es que surgieron los carnavales en las cortes europeas y siguen teniendo hasta la actualidad los mismos rasgos característicos de los tiempos: maquillarse el alma en el anonimato desde donde se permite lo que públicamente es recriminado.

 

Las geishas (se pronuncia “gueishas”) son un símbolo oriental que dan testimonio del refinado concepto de la diversión y el entretenimiento con elementos artísticos que, hasta cierto modo, van preservando las tradiciones y la cultura japonesa. Siempre vitoreadas ejercen fascinación en los pueblos del mundo.

 

Bibliografía:

culturajaponesa.blogspot.com

es. wikipedia.org

 

 

 

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