HOLOCAUSTO, NUNCA MÁS


  

 Primera parte

 

         Como un eclipse total de sol de 1933 a 1945 el mundo se oscureció y la muerte galopó esparciendo dolor, llanto y hiel de batracios en el alma de la humanidad que escribió en la lápida del pueblo judío: “Reconcíliate con el amor y la paz que el Mesías te dejó y que no has sabido comprender”.

            El holocausto judío comprendió toda una estructura psicológica y física de prejuicios, odio, esquizofrenia racial, construcción de ghettos, campos de concentración, campos de exterminio, poder y nacionalismo enfermizos: una locura de ascendencia abismal de remota y maligna oscuridad.

            Esta cruenta historia empieza el 30 de enero de 1933 cuando el presidente Paul Von Hindemburg nombra como canciller a Adolf Hitler que con la doctrina de la raza aria como raza superior culminaría su proyecto político con la muerte de seis millones de judíos a los que torturó, mató de hambre, esterilizó y condenó a muerte en las cámaras de gas.

            Las cifras de los judíos deportados de los países europeos por la Alemania nazi a los campos de exterminio nos dan una idea de la dantesca desolación que provocó el antisemitismo y el odio racial del ejército germano: Hungría 426 mil, Polonia 300 mil, Francia 69 mil, Países Bajos 60 mil, Grecia 55 mil, Bohemia y Moravia 46 mil, Eslovaquia 27 mil, Bélgica 25 mil, Yugoslavia 10 mil, Italia siete mil 500 y Noruega 690.

            Se incluyen 150 mil polacos que no eran judíos, 23 mil gitanos, 15 mil prisioneros de guerra soviéticos y 25 mil civiles soviéticos, lituanos, checos. franceses, yugoslavos, alemanes, austriacos e italianos, además de 15 mil homosexuales, Testigos de Jehová, clérigos cristianos y un millón y medio de niños judíos.

            Con el ascenso al poder del Partido Nacional Socialismo Alemán  de Adolf Hitler se instituye la doctrina de la raza aria como biológicamente superior a las demás razas y tenía como principal enemigo a los judíos considerados como raza inferior que había que exterminar.

            En 1939 Alemania ocupa Polonia y con esto empieza la Segunda Guerra Mundial. En los países ocupados y los que son aliados de los nazis se establecen los ghettos que eran distritos pequeños que tenían como propósito mantener cautivos a los judíos y a quienes se consideraba como enemigos del Estado. En 1942 se deportan estas multitudes a los campos de concentración y a los campos de exterminio cesando su función de centros temporales de reclusión de los judíos.

            Los más importantes centros de exterminio eran Auschwitz Birkenau y Auschwitz Monowitz que de 1942 a 1944 cumplieron con el propósito de exterminar a los judíos de Alemania, Polonia y de los países invadidos.

            El apetito de muerte de los alemanes era atroz. Los que un día fueron elegidos  como el pueblo de Dios llegaban a los campos de exterminio donde de inmediato eran introducidos a las cámaras de gas que estaban disfrazadas de duchas y el ácido cianhídrico Zyklón B (una forma de ácido prúsico cristalino que también se utilizaba como insecticida) les provocaba en poco tiempo la muerte por asfixia. En los crematorios de estos campos podían ser quemados cuatro mil 756 cadáveres diarios.

            En Auschwitz se crearon 39 subcampos que tenían como propósito que los cautivos trabajaran hasta morir en la producción agropecuaria, minas de carbón, canteras y en las fábricas de armamentos alemanes.

            Se describe así a quienes allí se les iba apagando la vida: la mirada fría y turbia, los ojos hundidos en sus órbitas, los pómulos sobresaliendo, se perdía la memoria, el hambre les provocaba alucinaciones, sólo oían cuando les gritaban, se resignaban sin resistencia a los golpes y finalmente morían sin conciencia.

            En 1933 la población judía de Europa pasaba de nueve millones, para 1945 dos de cada tres judíos habían sido ejecutados en el proceso de exterminio que los nazis llamaron “La solución final”, que se había concebido para los descendientes del antiguo pueblo de Judá.

            La Segunda Guerra Mundial terminó en Europa con la rendición incondicional de las fuerzas armadas alemanas en el oeste el 7 y en el este el 9 de mayo de 1945. Las potencias Aliadas integradas por Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética sometieron a las potencias del Eje que eran Alemania, Italia, Rumania y Hungría.

            Después de la desolación de millones de familias judías que dejaron en sus cenizas recuerdos, sonrisas, momentos de júbilo, abrazos y besos, los sobrevivientes retornaron al estado de Israel que en mayo de 1948 se constituyó en nación independiente cuando las Naciones Unidas votaron la división de Palestina en un estado judío y un estado árabe. Israel legalizó el flujo ilimitado de inmigrantes judíos a su tierra de origen.

            No puede la muerte desmoronar la montaña de la vida, nunca más se repetirá un holocausto a los dioses de la infamia negra y cobarde. Las naciones se persignan ante la memoria de los caídos de Judá que un día fueron elegidos por el Dios hebreo para ser su pueblo santo. El mundo lastimado eleva una oración y el corazón proclama paz y amor como legados de la humanidad por siempre y hasta la eternidad.

 

            Artículo basado en información de diversas páginas de Internet.

Volver