SENTIMIENTO DE CAMPECHANIDAD


 

 

          “No hay un sentimiento de campechanidad en nuestro Estado”, es la expresión a la que con frecuencia aludía un amigo en una charla bohemia, en esos días cuando un grupo de intelectuales hecelchakanenses nos reuníamos para intercambiar opiniones y conversar sobre los diversos tópicos de la vida cotidiana y literaria.

Disertaba que las diferencias en las formas de pensamiento y origen de las áreas norte, centro, sur y de la costa de nuestro Estado eran antagónicas y también irreconciliables, razón por la cual no se manifestaba esa unidad de campechanos ligados por los principios del respeto a nuestro origen, tradiciones, costumbres y cultura social y política del esfuerzo y del trabajo.

El III Encuentro Académico y Cultural del Colegio de Bachilleres del Estado de Campeche celebrado en Hecelchakán en 1999 nos da la oportunidad de palpar y presentir si se manifiesta este sentimiento de campechanidad entre las nuevas generaciones de jóvenes provenientes de todos los rincones del Estado.

Maestros y alumnos de cada uno de los planteles expresaron sus ideas acerca de sus respectivas localidades en base a su etimología, origen o destacando lo más significativo de sus lugares natales. Estas son las conclusiones que describen lo más auténtico de su sentimiento de campechanidad:

HECELCHAKÁN.- A nuestro Municipio se le conoce como la Sabana del descanso, porque antes de la llegada de los españoles era una extensa llanura rodeada de un pequeño bosquecillo donde los viajeros que iban de Campeche a Mérida y viceversa descansaban en este lugar, ya que había un cenote de transparentes aguas que les ofrecía un ambiente de paz y de grato descanso.

La iglesia San Francisco de Asís fue construida por la orden de los franciscanos y tiene como santo patrono al santísimo Señor de la Salud.

Hecelchakán es el canto en donde fulgura el espíritu de nuestro mestizaje: la princesa María Dzul Simá y el español Juan Pérez Aguilar que se unen en matrimonio y fundan nuestra ciudad.

CANDELARIA.- Fue poblado por gente proveniente del norte del país que implementaron un nuevo sistema de trabajo con la ganadería, que es la característica de este pueblo.

Históricamente los vestigios arqueológicos hallados en “El Tigre” son importantes por su avanzada cultura. Es probable que en este sitio haya sido ejecutado Cuauhtémoc, el último emperador azteca.

Esta zona arqueológica es un ejemplo de las tradiciones y costumbres que hoy en día llenan de orgullo y satisfacción a los candelarenses y, en base a ella la identidad mexicana no se ha perdido en su totalidad.

SEYBAPLAYA.- El reducto y la iglesia son los principales sitios históricos. El reducto era la fuente de vida que proporcionaba agua a todo el pueblo, mucha gente lo califica como una belleza seybana, constantemente es limpiada y lo pintan del mismo color, esto le da belleza al parque.

No hay seybano al que se le pregunte “¿qué es lo más bello del centro de tu ciudad?” Y él contestará: El Reducto.

TENABO.- Los antepasados mayas, como hasta la actualidad, construían sus viviendas con materiales de la región: las paredes con embarro, que es una mezcla de tierra roja con zacate y el techo de huano.

Una de sus más bellas leyendas es la de la Xtabay, una mujer de hermoso cuerpo vestida de hipil que salía del árbol de la Ceiba para seducir con su belleza a los hombres y después matarlos.

En la época colonial se construye la iglesia y surgen las haciendas. Una de las más importantes es la de Chilib, que es un patrimonio arquitectónico de gran valor cultural. A Tenabo se le conoce como “El lugar de los palmos”, que es una medida igual a una cuarta. Y se le dio este nombre, porque el tributo se pagaba con cuartas.

Otra tradición importante es la jarana, llamada también vaquería; es un baile mestizo, las mujeres se visten con terno y los hombres con su filipina y alpargatas, es un baile de gran alegría. En Tenabo hay, sobre todo, hospitalidad. La gente está muy orgullosa de que Tenabo sea “La puerta del Camino real”.

NUNKINÍ.- Los principales símbolos de este pueblo, que etimológicamente significa “Lugar donde se oculta el sol”, son la iglesia y la mujer campesina. La iglesia fue construida y habitada por una orden de franciscanos, es de estilo barroco-renacentista, y en su interior el altar mayor consta de un retablo que originalmente era de madera tallada, pero con el paso del tiempo se deterioró y el que actualmente tiene es de mármol.

La mujer campesina, por su parte, está hecha a base de bronce y fue erigida como símbolo de la fertilidad y la forma de vida de los habitantes de esta zona que se dedica a la producción agrícola. Nunkiní es el pueblo donde el sol duerme antes de remontarse nuevamente a las alturas celestiales a cumpir con su misión de repartir el oro de su luz.

CHAMPOTÓN.- Su historia se caracteriza por el enfrentamiento de fuerzas de dos razas diferentes que intentaron, una conquistar y la otra defender su territorio. Representa el encuentro entre indígenas y españoles, y el intento por mezclar dos culturas diferentes.

En la desembocadura del río Champotón existe un islote llamado “El cuyo” donde se cree estuvo el templo de Kukulcán. Los mayas, raza de corazones fuertes y de gran temple impidió a los españoles salir triunfantes, esta hazaña le permite a Champotón llevar el nombre de “Bahía de la mala pelea”.

CALKINÍ.- A causa de una guerra entre los cacicazgos de Uxmal y Chichón itzá, los Canules emigraron hacia estas tierras para fundar nuestra comunidad. Cuando los Canules llegaron fatigados y exhaustos visualizaron una frondosa Ceiva que los invitaba al descanso y en ese lugar decidieron fundar su propio pueblo. Calkiní es la fusión del pasado con su presente histórico: el mestizaje de dos razas y culturas monumentales.

BÉCAL.- La actividad principal de los pobladores de este lugar es el tejido de palma que es llamado de “jipi” que se realiza en las cuevas donde los tejedores de sombreros se resguardan para trabajar. Debido a la temperatura húmeda de las paredes el huano se conserva siempre suave y así se trabaja en mejores condiciones.

Por este motivo se le rinde honor a la gente que se dedica a esta actividad que es la predominante y representativa de Bécal.

En conclusión, después de repasar estos textos se puede apreciar el espíritu de amor por los orígenes, costumbres y tradiciones prehispánicos. Es así como podemos rebatir a nuestro distinguido amigo y poder decirle con firmeza: Sí existe un sentimiento de campechanidad en nuestro Estado.

Campechanidad, síntesis y esencia de una historia que se forja con el corazón para poder vislumbrar nuestra presencia universal en cualquier rincón del mundo.

 

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