EJEMPLO DE JUVENTUD

  

 

          Cumpich es una comunidad maya de Hecelchakán, su espíritu indígena permanece aunque la vorágine de la civilización actual pretenda arrastrarla a la frivolidad. Cumpich suspira como una princesa melancólica su amor a la tierra, los amaneceres y las tardes de sol.

            Aquí nació el 27 de agosto de 1989 Hugo Rodrigo Mas Ku, descendiente de los astrólogos mayas que conocían el fondo del infinito y la sucesión del ciclo del universo. Estudiante del Colegio de Bachilleres de Hecelchakán recibió el Premio Estatal al Mérito Juvenil, por trabajo escolar del nivel bachillerato 2007, otorgado por el Gobierno del Estado.

            En su trayectoria académica destaca su participación en concursos nacionales y estatales. Le prometieron una beca para sus estudios de licenciatura que aún sigue esperando. Obtuvo entre el 2004 y 2006 los siguientes lugares:

            Tercer lugar en la XX Olimpiada Nacional de Matemáticas. Tercer lugar en la XV y XVI Olimpiada Nacional de Química. A nivel estatal primero, tercero y cuarto lugares en las Olimpiadas de Química y dos segundos lugares en las Olimpiadas de matemáticas.

            Sus padres son Bartolomé Mas Kantún y Landy Margarita Ku Ku. Estudió en la primaria “Emiliano Zapata” y la Tele secundaria 19 de Cumpich. Su pretensión en la vida es “ser justo, honesto y tener valores”.

            Lo homenajeamos como ejemplo de la juventud de Hecelchakán. Así queremos que sean nuestros jóvenes: llenos de talento, fieros contra la adversidad y abriendo brecha en el sendero luminoso de la sabiduría. Inspirados para el trabajo, combativos y orgullosos de sus orígenes.

            EL PERRO GORDITO.- Viajábamos en el tren cuatro albañiles para ir a trabajar cuando se paró en una estación, y subió un niño vendiendo tamales. Ya era cerca del mediodía y estábamos hambrientos. Le compramos al niño y comimos, pero no quedamos satisfechos. Yo le dije a mis compañeros “cuando venga el niño le compramos más tamales”. Al rato regresó y le pedimos más, pero dijo que ya se le habían gastado.

            -Nomás hizo poco mi mamá porque el perrito estaba chico- dijo el niño con su inocencia de seis años.

            - ¿Y de veras eran de perro los tamales que comimos?- preguntó uno.

            - Sí yo lo vi que lo mate, estaba gordito por eso lo mató mi mamá-.

            Todos quisieron vomitar, pero ya no les salió nada.

            PÁJAROS DE MAR.- Estaba trabajando en la obra y cuando salía a comer iba a un puesto cercano que vendía lechón tostado. Comía mi torta y mi refresco. Al regresar mis compañeros me invitaron chicharrón, pero les dije que ya había comido.

            -¿No sabes qué venden allá?-

            -¿Qué?, si es lechón y está bueno-.

            -De veras que tú no sabes. No te has dado cuenta que el pedazo de lechón está encima para que lo veas bonito, pero cuando saca la carne lo agarra de abajo. Eso que vende son esos pájaros grandes de color blanco que abundan a la orilla del mar.

            Regresé otro día al puesto y pedí una torta “pero me lo das de la carne que está encima”.

            -Qué sabes tú-, le dijo el que vendía.

            -Ya sé que son los pájaros del mar eso que vendes-.

            Se quedó riendo nervioso y me dio mi torta. No me cobró. Ya nunca volví allá, pero ya me había chingado.

            EL CRISTO DE LA SALUD.- Concluyó la Feria de Hecelchakán. Los juegos mecánicos en movimiento vertiginoso, la alegría de los paseantes, puestos de todo tipo de artículos, luces y colorido por todas partes. Los eventos culturales fueron un acierto del Ayuntamiento. Las corridas de toros muy visitadas. Sol, sangre, capotazos, muerte. Toreros correlones y montoneros, pinchazos, crueldad innecesaria.

            El Cristo de la Salud a los pies del altar presidiendo los festejos. Las manos de los creyentes ungían con ruda y flores los pies del milagroso que parece susurrar de amor:

            Es la cruz que me sostiene un sagrado rascacielos donde pendo como un ángel con mis alas extendidas. Es mi cruz un árbol santo, el santuario en donde yazgo como un príncipe inmolado

            En la frente se me enreda una eléctrica serpiente y una araña de aluminio en mis pies su aguja clava. En el pecho y en la espalda 30 anguilas me flagelan y me muerde en cada mano un murciélago oxidado.

            Ya mis párpados se cierran como el sol cuando se eclipsa y la estatua de mi cuerpo se fragmenta como el vidrio. Me derrito lentamente como el plástico en el fuego y en el cántaro del sueño me derramo para siempre.

            HIJA DEL SOL.- Concluyo con un fragmento de la obra “Flores de almendro”, de Ramón del Valle Inclán:

            Allí, en el comedor del hotel, he visto por vez primera una singular mujer, especie de doncella de ámbar y sensualidad, a quien sus criados indios, casi estoy por decir siervos, llamaban dulcemente Ima Sumac.

            Ella, una belleza bronceada, exótica, con esa gracia extraña y ondulante de las razas nómadas; una figura a la vez hierática y serpentina, cuya contemplación evocaba el recuerdo de aquellas princesas hijas del sol, que en los poemas indios resplandecen con el doble encanto sacerdotal y voluptuoso.

 

Volver