EL FLAMBOYÁN SE PARECE AL DOLOR


 

 

 

Hoy es un día agradable, hay un sol que baña el paisaje con sus rayos que se filtran por todo el panorama; el viento es grato y mueve las ramas de los árboles, hay quietud que me inspira a reflexionar. Enfrente de la ventana veo un flamboyán cubierto de flores rojas que contrastan con el verde de la naturaleza.

El rojo que reboza del árbol es como un fuego con llamaradas de rubíes que es placentero observar, sin embargo, esos matices también me dan la impresión de haberlos vivido, de haberme llenado de una explosión púrpura que invadió mi alma de dolor, mucho dolor.

Me pregunto, ¿qué sentido tiene el dolor en la vida?, ¿a dónde nos lleva?, ¿cuál es su propósito al lastimarnos con el deseo de hacer daño con toda intención? Porque habrá muchos que tengan como meta este objetivo en la vida, pero en general esta sensación no es apreciada, no se desea, no debería existir.

Es más intensa la alegría y los buenos momentos, pero las espinas de la vida están presentes en todo momento. Hay rosas púrpuras, los labios de las mujeres son rojos, el fuego crepita en llamaradas voraces, la sangre es roja y da vida, y muchos frutos tienen este color. Al contrario la alegría y la felicidad son como destellos de colores, como arco iris, como estrellas azules que irradian serenidad.

¿Habrá forma de detener el dolor?, porque generaciones nacen y se mueren sin entender el sentido de la vida, pero eso es muy lamentable. Muchos dirán sigamos así, pero no es lo correcto, porque dicen que el pez por su gusto muere, pero no podemos quedarnos con los brazos cruzados, ya que atrás de nosotros vienen nuestros hijos y no queremos para ellos la parte negra de la vida que nos correspondió aprender.

Tenemos que dejarles una herencia importante a nuestros vástagos, sería vergonzoso y lamentable no poder dejarles un patrimonio nacido de nuestro corazón para esas miradas inocentes que han nacido para hacernos felices.

Nos levantamos cada día para hacer felices a nuestras familias, unos lo hacen con bienes materiales, otros con el amor que les dicta su espíritu y otros con las dos cosas.

Esa es la herencia que les dejamos a nuestros hijos, el amor, una casa o una cuenta bancaria, pero no les podemos dejar un mundo sin esperanza, un planeta derruido, una vida miserable.

Les dejamos ante todo el amor, porque el amor es el único sentimiento que puede detener el dolor traicionero.

El amor es fuerte como el destello del sol que nadie puede detener, el amor es total como el sentimiento de dar que nos impulsa a ofrecer lo mejor, el amor es el ritmo de nuestro corazón todos los días, el amor nos hace felices y nos da alegría.

¿Dónde está el amor? El amor está donde hay desprecio, porque si fuiste vilipendiado ofreciste una flor, un pan o un comentario de buenos deseos en vez de amargura. Eso es el amor. El amor está en el dinero, porque si te quitaron lo que te correspondía injustamente y no pudiste hacer nada quedándote con tu silencio, eso es el amor.

En el rencor, en los odios y las venganzas es cuando aflora el amor y el sentido de justicia, porque no estalló la violencia, porque comprendes que la riqueza se genera quitándole a los demás. Tu espíritu engrandecido y tu conciencia iluminada es lo que te hace sentir el amor.

Sí, es bello el flamboyán, pero es más bello mi hijo, espero que su alma no se incendie como el mío. Le he encendido en su espíritu un sol imponente que cada día que irradia su luz, irradia amor, mucho amor, lo puedo ver en sus juegos, en sus ojos y en sus palabras.

 

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