AH PUCH, LA MUERTE


 

       La muerte entre los mayas forma parte de un conocimiento adquirido: conocer la existencia de la muerte y enfrentarla para arrebatarle la plenitud del amor, y así tener una visión plena del universo que permita al hombre ser creador, optimista; un constructor de su presente y su futuro con toda la capacidad de su inteligencia y sus dones.

La muerte es el señor del Inframundo, el hombre desciende al mundo subterráneo para combatir con la muerte y alcanzar la luz de la verdad, el espíritu creador que irradia energía como el sol.

Las cavernas, los cenotes y las raíces de la Ceiba son los lugares simbólicos del Inframundo donde habita Ah Puch, el dios de la muerte, el Señor de Xibalbá.

Alberto Ruz Lhuillier menciona varios nombres de la muerte: Cizín (hedor o poner tieso); Diego de Landa lo menciona como Uac Mitum Ahau; Eric Thompson Chac Mitum Ahau (Gran Pudrición Universal); Hun Ahau (Nombre calendárico de Venus) o Yum Cimil (Señor de la Muerte).

En los códices se le representa como un esqueleto cubierto de puntos negros que significan la descomposición, si tiene falda o capa lleva huesos cruzados. Mora en Xibalbá o Metnal que es la deformación lingüística del Mictlán náhuatl.

Está asociado al dios de la guerra F según Schellhas y R el dios terrestre según Thompson. Lo acompaña un perro o una lechuza, su numeral es el 10 y su día Cimi (Muerte).

Mercedes de la Garza menciona que los nombres de la muerte son: Ah Puch (El descarnado), Kisín (El flatulento), Hun Ahau (Señor uno), Yum Kimil (Señor de la muerte) entre los mayas yucatecos y entre los quichés Hun Camé (Uno muerte) y Vucub Camé (Siete muerte).

Está identificado con el dios A de los códices. De la garza dice: “Esto refleja que la muerte no se concibió como la nada, sino como una energía actuante en el cosmos, complemento necesario de la energía vital”.

El ritual de enfrentar a la muerte se simboliza por el juego de pelota donde se combate contra el Señor de la Muerte al hacer pasar la pelota por el aro de piedra que simboliza al sol. Es un enfrentamiento de lucha continua para vencer o morir, pero siempre luchando y luchando.

El espíritu de combate es la fuerza del sol nocturno que desciende para enfrentar a Ah Puch, y retornar con la estrella de la mañana a la cúspide del cielo que es el trono del sol, la claridad, el triunfo, la alegría y el amor.

 

Volver

 

Página principal