LA REVOLUCIÓN MEXICANA

  

La Revolución significa liberación, libertad, sacudirse el yugo que oprime, clamor de justicia, devolverle al pueblo sus libertades elementales, reencontrarse con su destino histórico. La revolución es la lucha por la vida, es la sangre que se derrama por el anhelo de libertad, es el dolor insostenible que arranca la causa que lo produce, es una explosión monumental de cólera contra la oligarquía que esclaviza.

La Revolución Mexicana de 1910 es el fuego que consumió a un sistema político decadente que atormentaba a nuestra nación, la oligarquía de Porfirio Díaz había sumido al pueblo en la pobreza y la explotación. La esclavitud a la que los terratenientes y hacendados condenaban a la gente para que los más privilegiados disfrutaran de una vida cómoda y de derroches, viajes al extranjero y lujos obtenidos sin ninguna gota de sudor reclamó su derecho a ser libre y como una descarga eléctrica reaccionó violentamente y se desgarró el pecho diciendo: vida o muerte, pero no más la humillación.

Y así, la grandeza del pueblo de México se demostró que no está en los planes a futuro, en las grandes construcciones, en la vestimenta de apariencia y en los lujos refinados, sino en el corazón, en el sentimiento de una nación que palpita exigiendo identidad, justicia, libertad y respeto a su vocación histórica.

La revolución fue un movimiento colectivo en donde el sentido de los revolucionarios era liberarse de sus ataduras, romper con la dictadura que lastimaba muy hondo, desterrar a la clase afrancesada que no pensaba en el bienestar del pueblo sino en imitar modelos de vida extranjeros sin importarle humillar, maltratar, denigrar, mancillar, acometer con cobardía y apropiarse con el fusil en la mano de tierras, vidas y riquezas naturales, explotando sin misericordia al indio envilecido por sus ideas ultrajantes.

Se dice que en este periodo también hubo progreso, sí, pero esa infraestructura que se construyó era para el beneficio de la clase gobernante, era para que los que más tuvieran fueran más ricos, y los que eran pobres fueran más pobres.

De las entrañas de esa sangre que se derramó en los campos y las ciudades, de los huesos y el dolor de todos los que combatieron, de las lágrimas y de la furia amontonada en el alma nacional, de entre la pudrición de la muerte que tampoco pudo detener al pueblo surge el México de hoy, el México consagrado en los principios revolucionarios de la Constitución de 1917, el México que aún hoy día los gobiernos no pueden hacer realidad, el México que se debate y no aclara su identidad, el México que se olvida de su historia por la apariencia de querer parecer moderno, el México que difumina sus orígenes indígenas y de nuevo está en manos de quienes aprenden teorías en universidades extranjeras que no son aptas para nuestra nación y, por último, el México que tiene el fuego poderoso de los pueblos indios que se abren el pecho y ofrendan su espíritu, el fuego que dio como resultado nuestra independencia y el fuego de la revolución que aún está palpitante en la sangre, porque no se vislumbra el México cristalizado que queremos ser.

Con la revolución se concretaron los principios de libertad, de igualdad, de justicia, de paz social, nos erguimos en el firmamento respirando la grandeza de nuestra nación, de nuestros orígenes, de nuestra historia, de nuestros grandes personajes, de nuestros pensadores, somos un pueblo con una antorcha en la mano iluminando el camino de muchas naciones que no ven hacia donde van. Somos el alma nacional pisoteando esperanzas, porque las esperanzas son para los cobardes, pisoteando el futuro, porque nosotros queremos vivir nuestro presente diario y después de morir dejar una herencia para nuestros hijos que sea muy valiosa. No queremos dejarles escombros, no queremos dejarles vergüenzas, no queremos dejarles migajas.

Nosotros somos un pueblo de hombres que a diario con nuestro sudor y nuestro dolor sometido en la mano construimos la victoria de un México grande, fuerte, que camina y camina siempre hacia adelante enarbolando para nuestros hijos las cosas valiosas que vamos forjando: la felicidad, el amor, los principios y valores y el fuego espiritual con el que chicoteamos a la muerte para que nadie nos impida ser el México que queremos.

Esa es la herencia para nuestros hijos, esa es la victoria por la que luchamos a diario. Por eso el México revolucionario es el que vibra y canta en nuestra alma. La Revolución Mexicana es el principio fundamental del México de hoy, del México de siempre. No se puede hacer política si no se tienen como fundamento los principios por los que murieron y derramaron su sangre en esa explosión monumental de nuestra historia. El México de hoy es el México de la revolución, es el México de la Independencia, es el México de la libertad, de la justicia, la soberanía, es el México del espíritu de la letra de la nuestra Constitución Política. Este es el México que emana de la Revolución de 1910, recordémoslo siempre.

 

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