LOS ANTORCHISTAS


 

  

 

     

 

Se han convertido en una tradición las peregrinaciones de los antorchistas que corren portando una antorcha desde una iglesia o parroquia a otra, o incluso desde la Basílica de Guadalupe hasta su lugar de origen.

Se trasladan en bicicletas o en autobús y durante su trayecto portan una antorcha como símbolo de la luz espiritual de la virgen que ilumina a la humanidad.

Trasladarse de una iglesia a otra simboliza luchar por el amor, la fraternidad y el espíritu de paz que la virgen inspira. Los antorchistas hacen esta peregrinación para cumplir con la promesa hecha a la virgen al solicitarle se cumpla algún deseo o favor de su manto protector.

Las inclemencias del tiempo son difíciles, pero los antorchistas cumplen con su compromiso de regalarle a la virgen el amor de su esfuerzo y sus anhelos de juventud. Sucios, comiendo lo que se puede y enfrentando el frío al dormir en cualquier lugar los antorchistas llegan a su destino para alumbrar con la luz espiritual de la virgen a su parroquia y a sus feligreses.

En estos días se venden muchas rosas, por que de ellas surge la imagen esplendorosa de María de Guadalupe. En los comercios las imágenes grandes y pequeñas se venden con mucha demanda. La Iglesia realiza la misa del 12 de diciembre a las 6 de la tarde en el campito y se recuerda que Lupita tiene su manto de estrellas que destellan en la noche hasta amanecer y su vestido rojo como el fuego que incendia el corazón con el poder del espíritu.

La virgen de Guadalupe surgió de entre las rosas de pétalos tersos que fulguraron de luz para decir: “Aquí está tu madre, la Señora de la Luna para amarte y protegerte con su amor”.

 

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