BREVE APUNTE DEL JABÍN NATIVO


 

  

 

El jabín es un árbol silvestre nativo de esta tierra. Crece en los poblados y en el monte, está adaptado a las condiciones climáticas de esta región y crece sin la atención del hombre. El agua que recibe es el de las lluvias en los meses de junio hasta octubre.

Al inicio de la primavera se le caen todas sus hojas y en los meses de marzo y abril florece de manera muy hermosa con unas pequeñas florecillas de color rosado tenue que, al transcurrir las semanas, se tornan blancas.

Su nombre científico es Piscidia piscipula (L.) Sarg., pertenece a la familia Fabaceae (Leguminosae) y su nombre en maya es Jabín.

Al transcurrir aproximadamente un mes de su floración, se empiezan a secar y desprender sus flores, que caen al suelo cubriéndolo con un manto blanco, como lluvia de pequeñas lunas blancas, alrededor del árbol.

El jabín no produce fruto, y después de tirar sus flores empiezan a retoñar las hojas tiernas que de nuevo cubrirán de verde jade el follaje.

Es muy probable que en muchas de las construcciones de templos y palacios de los mayas se hayan utilizado el jabín en las vigas del dintel de las entradas.

Hasta los años 70 y, en la actualidad, aquí en Hecelchakán se tiene la costumbre ancestral, aunque muy poco practicado, de cortar los árboles necesarios en el día de la luna llena, ya que es el tiempo en que está en plenitud el ciclo de la luna que simboliza a la mujer y a la diosa Ixchel.

El jabín también es apreciado por los apicultores, ya que las abejas acuden a sus flores para obtener el néctar que llenará de miel sus panales.

Ojalá este apunte que, escribo de mi observación personal de este árbol, contribuya para amar la naturaleza, utilizar y cortar solamente los árboles y el colojché necesarios. Amar la naturaleza y los árboles es mantener el equilibrio que necesitamos para que la vida esté en armonía con el hombre y el universo.

 

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