EL ROBLE


 

En el patio de mi casa hay un roble, un gran árbol, hermoso, siempre verde, con su corteza llena de grietas y surcos, como el semblante de los que han luchado tenazmente contra la rudeza de la vida.

A veces salgo y amarro una hamaca bajo su sombra para descansar, hoy es uno de esos días, y lo hago, porque es importante el reposo y la reflexión. Tengo dos sogas de nylon de 3 metros cada una, las amarro de una rama gruesa del roble y la otra de un tronco de jabín macizo, cuelgo la hamaca, me acuesto y medito.

Se me vienen a la mente las condiciones del mundo actual. Es importante reconocer que gracias a los medios de comunicación y la tecnología podemos saber, al momento, las circunstancias por las que pasan los países del mundo. La tecnología facilita y hace más cómoda nuestra vida cotidiana.

Pienso en los sucesos del narcotráfico en México, las vidas perdidas, el dolor generado por esta causa. Hay quienes dicen que es una guerra perdida, aunque no comparto esa opinión. Divago con los ojos cerrados, cuánta tragedia hay en el mundo, ¿sabrá la gente a dónde va? Un perro ladra, un gallo canta, el ruido del molino es somnífero, pasan las señoras con su nixtamal.

Pienso en los lugares que tienen playa, visitar unos días el mar es relajante, comer mariscos y pescado frito, sentir la brisa, contemplar las olas. De Haití ya nadie se acuerda, sirvió para los programas de hacer donativos, para tranquilizar la conciencia de muchos, pero ahí siguen entre los escombros.

Por entre las hojas de mi árbol se filtran los rayos del sol en destellos que explotan, el calor es fuerte. Todos me dicen que yo corte mi roble, pero no les he hecho caso. Amo mi gran árbol, fuerte, erguido, altivo, poderoso, algo debo tener de él, también tengo un paisaje con naturaleza salvaje dentro de mí.

¿Por qué hay tanta miseria?, ¿De qué han servido los miles de años que han pasado? El mundo de hoy no parece tan distinto del mundo primitivo, ni de las civilizaciones anteriores. Sigue vigente el dicho que reza: el pez grande se come al chico, y esa teoría de Charles Darwin de la evolución de las especies donde expone que los más fuertes sobreviven.

¿Realmente qué papel tiene la religión en este panorama? Si lo piensas bien el pecado es sinónimo de muerte, pero eso no sirve para nada, alguien que mete el pecado al mundo para después tratar de aplacarlo no parece un mensaje convincente, pero en fin.

Ah, a veces recuerdo mi noche profunda, no me lo creerían si les contara; combatí, más aún que los jinetes del Apocalipsis, el dolor y la oscuridad más profunda que los océanos y el cosmos. No lo recuerdo seguido, pero lo tengo presente.

He visto cuando se le caen las hojas a mi roble, poco a poco se le van cayendo, lo hace dos veces al año, el patio queda cubierto de hojas, las ramas quedan desnudas y después se van renovando, las hojas tiernas empiezan a brotar y pronto el esplendor de un verde tenue vuelve a vestir mi gran árbol.

Mezco y mezco y el rítmico vaivén es grato, cuánto afán de cada día, pero por encima de todo, los momentos de alegría son los más importantes, la sonrisa, el amor…también fui triste un día, el letargo me opacó, y también lloré aquella vez, pero la poesía me recogió, me levantó y me dijo sígueme y yo fui tras ella y me enseñó lo que sé.

Mi roble es como el árbol del paraíso, está gobernando en medio de mi patio y es importante para mí, amo mi árbol, yo no sé por qué hay quienes se deleitan cortando un árbol. Cortar un árbol es cortar tu espíritu, te quedas mutilado para siempre con sólo media vida.

Dulce vaivén, el molino suena, la gente viene y va por la calle, el azul del cielo, las campanas suenan, las palomas tragan el maíz tirado…

 

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