LOS ALUXES


 

  

           En un día de lluvia una familia se encontraba por el monte limpiando su parcela como es común en el Municipio de Hecelchakán. Mucha gente tiene terrenos en el monte o cercanos a él, ahí siembran maíz o árboles frutales, algunos pueden construirle un pozo por ser el agua muy necesaria.

Los dos hijos de la familia se alejaron un poco de sus padres mientras jugaban. Uno de los niños vio a un  Alux y le dijo a su hermano:

-Mira, ahí hay un niño que me está hablando para que yo juegue con él, es como nosotros.

Su hermano le contestó:

-Yo no veo a nadie, mejor vámonos, porque ya me está dando miedo.

Al día siguiente la familia regresó de nuevo a seguir limpiando su terreno, los dos niños se alejaron jugando y uno de ellos se alejó y se perdió de vista de su hermano. El niño pequeño se encontró con el Alux y empezó a irse con él a encontrarse con otros que vivían en una cueva cercana.

Pasaron los días y sus padres estaban muy angustiados, porque no lo encontraban. Regresaron al lugar y empezaron a recorrer los alrededores, muy cerca de la cueva encontraron a su hijo que estaba pálido, con mucha calentura y diarrea. Se lo llevaron a su casa y al día siguiente hicieron una ceremonia de Hanlicol donde le ofrecieron comida a los aluxes.

El niño se curó y los padres tienen más cuidado cuando van a su parcela. Para prevenirse de los aluxes y de los malos vientos cada año ofrecen comida de monte y realizan la ceremonia del Hanlicol y así nunca se enferman.

 

CREENCIA

 

Los aluxes son parte de las creencias del mundo maya. Se les describe como pequeños hombrecitos que parecen niños, seguramente visten como los mayas antiguos con la tela de algodón blanco o con algunos bordados geométricos que se les enrolla en la cintura y entre las piernas, podría ser que tuvieran un collar de caracoles y en el centro una pequeña piedra verde de jade y sus sandalias de cuero de venado semejantes a las alpargatas de hoy día.

Se les considera como traviesos y gustan de molestar a los adultos y a los niños pequeños, a quienes se llevan para jugar con ellos. Generalmente viven en la cuevas que son muy comunes en esta región.

Considero que estos aluxes son las personas y los niños que cuando mueren tienen que atravesar el mundo nocturno de Xibalbá para amanecer en la Ceiba sagrada del cielo y descansar para siempre, pero estos personajes por algún motivo se quedaron sin poder atravesar ese lugar oscuro y son los que hoy son llamados aluxes.

El Hanlicol es una ceremonia de ofrenda de comida en el monte y tranquiliza a estos duendes para que no sigan persiguiendo a los que se meten en sus dominios. Es posible que estas ceremonias contribuyan para que los aluxes encuentren la dirección correcta para salir de Xibalbá y llegar a la Ceiba sagrada de los mayas, el lugar de reposo en la esfera celeste.

 

A TRAVÉS DEL INFRAMUNDO

 

Por pantanos transparentes y parajes nocturnos de luz morada, Itzamná conduce a su pueblo por caminos en espiral, desde el abismo de profundidad ámbar, hasta la Ceiba de poemas que es como amaneceres y crepúsculos de paz, de luz y amor celeste.

El paso por el reino de Xibalbá, donde están los Señores de la muerte, es un recorrido como de la noche hasta el amanecer.

El Dios jaguar o Itzamná proclama sus poemas sagrados inspirados por los dioses y la muerte retrocede ante él.

Como el jaguar recorre selvas de estalactitas y estalagmitas, abismos en caracol y lechos acuáticos de un trueno incandescente; suspira el pueblo maya como el gruñir del felino; sobre pantanos de néctar y polen van, y los espinos de coral negro y rojo les dejan cicatrices resplandecientes.

Ya casi amanece. Ya se mira la luz primaveral de la Ceiba sagrada: la casa de quetzales y flores, girasoles de topacio y paz del crepúsculo de la tarde. Nuestro destino se acerca. Todo es un árbol de fuego irradiando amor y espíritu de copal, de los dioses, en nuestro corazón; nuestro espíritu se llena de fulgores de palomas de jade en vuelo y de arco iris de ternura. Hemos llegado

 

ALUXES

 

Aluxes de la noche azul de cuarzo,

suspiros de fantásticos enanos;

despierten que ya es día y sol de marzo,

alégrense del mar y los veranos.

 

El ámbar de la vida les espera,

sacúdanse del trono de obsidiana;

y vean qué color de primavera,

los pájaros, la paz de la mañana.

 

Sonrían valerosos vagabundos,

la paz de bienvenida es para ustedes,

descansen del decreto de otros mundos.

 

La Ceiba los recibe con agrado,

libérense de arpones y de redes

y sientan el amor del consagrado.

 

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