EL AMOR Y EL SEXO


 

 

La sexualidad es un revoloteo de mariposas solares, es una agitación de lluvia que relampaguea  y conduce por senderos nocturnos el estremecimiento de la piel y la explosión de estrellas en lo profundo, donde los dioses dicen: “La oscuridad es tuya y la luz es para mí”.

             La sexualidad es un homenaje al amor, a la dulzura de los momentos íntimos donde se comparte el secreto de amar por una decisión elegida con libertad y para siempre. La sexualidad sin amor es simple placer físico que no conduce a nada, la pura piel se agota, y es lo que está pasando con la educación que se imparte en la actualidad donde el sexo es sexo puro sin espíritu, es flor sin agua, es carne a la inercia que envejece y se evapora.

             En la sexualidad el deseo es importante, pero no es lo más grande del mundo, no puede comparase con la grandeza de tener un hijo, Cuando nace un hijo la pareja queda en segundo término, cede en sus pretensiones de ser el Dios del universo y deja al hijo como el espíritu de la vida que llena de alegría el destino de la pareja.

             El conocimiento de los órganos sexuales es necesario, pero no es indispensable. La sexualidad son solamente 30 minutos de placer y eso es todo, no hay más detrás de todo eso. El sexo no debe dominar al hombre, sino la persona dominar la sexualidad y así disfrutar de ese momento placentero y extenderlo lo más que se pueda.

             La sexualidad es como el fin del mundo, llega y ahí termina todo, es como la explosión de un volcán, corre la lava ardiente lo que tiene que tardar y luego se petrifica; es como la explosión de una supernova en el espacio, explota e irradia su luz hasta los límites que pueda iluminar y el espacio vuelve a su normalidad. No pasa nada ni es un fenómeno misterioso.

             El hombre es el Dios sobre la tierra y todo debe quedar bajo su dominio, hombres y mujeres deben ser el imperio que ejerce su poder sobre el sexo, la mano enarbolando su chicote para conducir al instinto por caminos de placer y gratitud.

             La educación informa hasta el cansancio de las características de los órganos sexuales y reduce la relación íntima a procesos biológicos y hormonales, hace a un lado el espíritu y el amor para manifestar su verdad de ciencia de carne física que tiene que concluir, cuando hay más todavía.

             El nacimiento del amor en la adolescencia trae su juego erótico: es el aletear de palomas encendidas y el fuego de las flores. Es la poesía clamando grandeza, identidad celeste, paisaje bonito, dulzura del día y la noche buscando eternidad.

             Los compositores tienen su visión de la sexualidad en los siguientes términos:

             “Era una tarde de primavera cuando hasta el alma se encuentra en flores, yo 17 tu quinceañera, tú colegiala y yo soñador. Y en aquel trigal el sol cayó primero, después un pantalón vaquero y una falda escolar. Y las mariposas volaban alrededor y nos enteramos por primera vez lo que es el amor. Y las mariposas volaban de flor en flor y nos enteramos por primera vez lo que es el amor”. (Joan Sebastián, compositor mexicano).

             “No te salgas de mis brazos, sigue echada así en la hierba, quiero andarte paso a paso, recorrerte como hiedra. No te salgas de mis brazos, que hoy mis brazos son cadenas, porque quiero que mis manos hoy de ti se queden llenas. Cuando el sol se esté ocultando y en tus ojos brillen las estrellas y en mi espalda sienta el frío de la oscura noche que se acerca yo te soltaré despacio de mis brazos ya sin fuerza”.

             “Te sacudirás el pelo para que jamás nadie lo sepa, nos iremos con el alma y con el cuerpo con olor a hierba. No te salgas de mis brazos, sigue echada  así en la hierba, quiero andarte paso a paso, recorrerte como hiedra. Quiero que nos confundamos con el campo y con la tierra, como espiga y como árbol, como rama y hoja seca”. (Manuel Alejandro Álvarez-Beigbeder Pérez. Compositor español nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz) en 1933).

             Y un poeta diría de la relación íntima:

             “De tu espíritu nació la primavera, de tus lágrimas el otoño y de tu corazón el arco iris, por eso es que tengo alegría y paz. Tus palabras son palomas que se posan en el árbol de mi alma y tus manos derramaron girasoles, oleaje manso y pececitos de colores para darme el sagrado instante del amor nocturno y el sexo. La eternidad brotó del santuario de tu cuerpo y me regalaste el don sagrado del amanecer. Desde entonces soy el sol escribiendo poemas a los pies del cosmos que se llama igual que tú”.

             La sexualidad es la furia del oleaje del mar contra el acantilado, es el eclipse total del amor y la grandeza del amanecer en parajes de cielo y paisaje. La sexualidad es la ternura del jaguar sobre el cuerpo de mujer, es paloma y seducción que ofrendan a la vida su cuerpo para que el deseo se convierta en alegría.

 

            Fotografía: Del artículo “Malos tiempos para la erótica”, de Andreu Martin. Publicado en el suplemento cultural “Luces”, de Tribuna de Campeche, el 9 de marzo de 2009.

 

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