LA DEPRESIÓN


 

 

La depresión es una etapa negra, es como un eclipse en que todo se llena de negrura y cuando pasa resplandece el sol de nuevo. Generalmente lo que deprime son las experiencias románticas, el desamor, la indiferencia, que te corten súbitamente cuando te has entregado a plenitud; perder a un ser amado.

 

La depresión es una gruta enorme, profunda, fría, desgarradora. Aletean los murciélagos del dolor, la furia de las deidades malignas arremeten contra el alma limpia y blanca y lo dejan sangrante, con una herida que tarda en cicatrizar.

 

La depresión es como demoler un edificio de 20 pisos, es como profanar una flor sin su consentimiento, es como una mano traicionera que desde lo más oscuro vierte su veneno y su ácido cuando menos se espera. Es furia de zopilotes que laceran y producen llagas.

 

Te diré, que no es conveniente refugiarse en el alcohol ni en las melodías de decepción, porque el dolor se hace más grande. Es el momento en que debe salir la parte creativa de todos: te gustarán los deportes, alguna arte, tocar algún instrumento, escribir poemas, guía hacia allí tu dolor y saldrán frutos abundantes y llenos de color y fragancias.

 

Después de la tormenta viene la calma, un clavo saca a otro clavo, el amor está donde menos te lo esperas. Lo pasado, pasado, hay que olvidarlo, aunque de hecho siempre queda en los recuerdos.

 

La depresión es la cicatriz donde los dioses combaten y dejan su voz clamando, hiriendo o cantando. Es el relámpago que penetra la carne, es el murciélago negro en forma de puñal que muerde.

 

Hay que combatirlo. Es el momento del combate, y no como dice alguien: de ser un corderito inofensivo. No, es el momento de la lucha, de la hombría, de hacer a un lado la cobardía y llenarse de sudor y de fragor al saber que estamos combatiendo a un dios: el dios de las cosas oscuras y del dolor. Hay que vencerlo, tú puedes, adelante, saca tu espíritu y conviértelo en espada, penétralo en la oscuridad y del fondo saldrá una explosión de luz: el sol en toda su plenitud, tu capacidad de amar.

 

 

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