EMINENTE POR SUS VALORES


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Durante mis 52 años de médico nunca he pasado de ser Médico General, nunca he hecho un viaje de placer al extranjero, nunca estrené automóvil cada año -el que tengo es de 1990-, nunca me atreví a engañar a mi paciente haciéndole creer que lo curaría si me daba cierta cantidad de dinero, nunca supe explotar a la gente para hacerme rico y nunca me comprometí a tratar a algún paciente si estaba fuera de mis conocimientos. Pero aparte de lo anterior, también quiero asentar lo siguiente: me siento feliz de tener una familia saludable, cariñosa y unida, gozo de toda la amistad y respeto de la gente de mi pueblo, no me arrepiento de cómo he servido y de cómo soy, si volviera a nacer haría lo mismo e incluso estudiaría Medicina otra vez”.

             Este es un breve testimonio del doctor Armando Toraya Lope, el ciudadano y el profesionista más querido por el pueblo de Hecelchakán. Dedicó 52 años de su vida al servicio de la salud de nuestras familias. No hay habitante de nuestra comunidad que no conozca a este ilustre personaje. Su generosidad, bondad y espíritu de servicio lo han hecho merecedor del respeto de generaciones de hecelchakanenses.

             Hoy, que la actividad médica está pervertida y los practicantes de esta noble profesión la usan para lucrar con la salud humana y enriquecerse, el doctor Toraya Lope magnifica y dignifica su profesión con los principios y valores que enarbolan, ante todo, el humanismo por hacer de la medicina una práctica noble al servicio de la salud antes que del dinero como es habitual en los modernos representantes de Hipócrates.

             Continúa comentando este galeno: “Los momentos no placenteros eran cuando fracasaba en mi intento por salvar una vida, cuando tenía que dar una mala noticia a los familiares; cuando mi actuación no era comprendida por los familiares y me ofendían y hasta me lanzaban una maldición gitana; cuando comprendían que el paciente estaba fuera de mi capacidad y tenía que atenderlo un especialista. Cabe mencionar que tuve la suerte, en cierta época de mi vida, en trabajar en dos instituciones: la Escuela Normal Rural “Justo Sierra Méndez” y el Centro de Salud “B”, y además atendía la consulta privada. Hubo ocasiones en que yo era el único Médico en la población, pero a partir de 1990 me desligué por completo de esta actividad burocrática y me dediqué sólo a mi consultorio, donde hasta hoy sigo sirviendo al público”.

             No hay familia en Hecelchakán en la que el doctor Toraya no haya atendido una calentura, males gastrointestinales y enfermedades más severas. En su motocicleta por mucho tiempo y hoy en un humilde automóvil ha visitado a sus pacientes con la vocación y el esmero que da el amor por la profesión y por el género humano. Es un ejemplo de vida y de servicio a los ideales por la salud y el bienestar físico y mental de nuestros semejantes.

             En sus comentarios autobiográficos señala: “Me he relacionado con toda la gente sin tomar en cuenta partido político, religión ni clase social; tengo amistad lo mismo con un humilde campesino que con el personaje más encumbrado. Nunca he sido persona con principios orgullosos. He vivido también momentos excitantes, donde aflora abundante adrenalina, cuando he atendido a pacientes que han sufrido accidentes de toda índole, lesiones con arma de fuego, de arma blanca, mordeduras de serpientes, quemaduras y también he intervenido en partos distócicos, hemorragia post partos, abortos, atención de niños prematuros y otras cosas más. Todos estos casos eran un verdadero problema, pues no contaba con equipo de hospital, ni ayuda humana y tenía que recurrir a mi esposa para que haga de anestesista. En estos menesteres es cuando me acordaba de mis maestros: los doctores Xavier Abreu Echánove, Efraín Zumárraga Ramírez, José del Carmen Cabañas, Pedro Cámara Millán, Enrique Escalante Alfaro, Jorge Muñoz Rubio y otros mas, cuyos espíritus invocaba para que me iluminen en estos trances”.

             Por disposición de las autoridades sanitarias del Estado y autoridades municipales y en reconocimiento por sus 25 años de servicio en el centro de salud “B”, así como a su trayectoria por velar por la salud de la comunidad, se impone su nombre a dicho centro de salud en la ciudad de Hecelchakán el Jueves 24 de octubre de 1996, en presencia del alcalde Carlos Torres Melken; el director de la Secretaría de Salud, Fernando Sandoval Castellanos; el presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado, Ramón Félix Santini Pech; el presidente del Colegio Médico de Campeche, Roque Duran de Rivero, así como Directores de la unidades medicas del IMSS y del ISSSTE.

             El doctor Armando Toraya Lope nace el 15 de julio de 1925 en Hopelchén estableciéndose en Hecelchakán el 27 de diciembre de 1953. Se gradúa de médico cirujano el 9 de diciembre de 1954 en la Universidad Nacional del Sureste del Estado de Yucatán. Contrae nupcias con Edicela Lara Sansorez y sus hijos son Armando Enrique, Zoila Josefa, Raúl Manuel Jesús, Luis Mariano y Sergio Jesús.

             Eminente por sus valores y ejemplo de generaciones, es un orgullo de nuestro municipio poder contar con su ilustre persona. Hecelchakán le rinde homenaje y le manifiesta nuestro agradecimiento por sus dones humanos, su espíritu de servicio y por mantener viva la dignificación de la profesión médica, como un apostolado humano. Gracias por existir personas honestas y nobles como usted.

 

EJEMPLO DE TRABAJO

 

 

Tiene la efigie de Don Quijote y el alma de un guerrero prehispánico, espigado como los árboles nativos que se yerguen pétreos con su follaje como pintados a pincelazos firmes y rígidos. El tiempo se hace a un lado para verlo pasar y si existieran los demonios se alejan como deslumbrados. Carga su maletín de cuero viejo donde van su estetoscopio, las palitas de madera para bajar la lengua y acechar bien la garganta, el termómetro y algunos medicamentos, como si fueran su báculo de poder diciendo: “Déjenme cumplir con mi encomienda”.
    Se yergue altivo con su guayabera blanca y sus cabellos plateados, nadie se atrevería a tocarlo porque es un símbolo de la virtud humana. Su único propósito en la vida es el amor y la bondad que no pide nada, simplemente quiere dar y dar de sí y ser incienso proclamando: “Nadie toque a los niños, ¡aplácate enfermedad!”.

     Ya más de cerca tiene un rostro pintado por la serenidad, emana paz, respeto, sentimiento de alcanzar la cumbre, oleaje tranquilo de playa al amanecer. Carraspea de cuando en cuando, porque es la ceniza del dolor vítreo, que ya no existe, de lo que fue la batalla de su espíritu, es el recuerdo de la hoguera del alma que a todos nos queda de distinta manera.

     Su consultorio todo el tiempo está lleno con personas de todas las edades, cuando hay cambios bruscos de temperatura los niños lo llenan con su tos, algunos vomitan su leche, otros lloran, pero el doctor Toraya implacable le dice a la enfermedad: “¡Quítate, tuerce tus caminos y desaparece!”.

     Durante 55 años se ha consagrado a sanar las dolencias de nuestra gente, quizás no hay muchos que no hayan pasado por sus manos y su sabiduría médica, generaciones y generaciones han superado su batalla contra las enfermedades bajo su atento cuidado. Cobra una consulta simbólica y visita a sus pacientes más necesitados por las tardes. Es el símbolo del vigor férreo que caracteriza a nuestros personajes ilustres de Hecelchakan.

     Trabajó muchos años en el área de salud de la Normal Rural “Justo Sierra Méndez”, desde siempre aportó sus conocimientos en el Centro de Salud de nuestra ciudad que hoy lleva su nombre. Posterior a su jubilación continuó como hasta ahora en su consultorio particular desarraigando enfermedades y dejando en armonía los organismos lacerados por las dolencias.

     Es un ejemplo del trabajo constante y disciplinado y del humanismo arrebatado a la adversidad con lucha fragorosa y el llamado de una fuerza superior que dice: “Ven, elegido por la furia de los dioses”. Una medalla de oro o un pergamino con firmas de deslumbrantes poderosos serían un honor para los hombres distinguidos de Campeche y de Ciudad del Carmen, nuestros hombres ilustres ya están pagados por el espíritu del amor y la grandeza del pensamiento puro.

     La medicina son órganos, sangre, psiquis y química de medicamentos, pero también es el pensamiento que descifra los caprichos de la enfermedad. El doctor Armando Toraya Lope es uno de nuestros hombres ilustres que a diario transforma el letargo en optimismo, y la oscuridad de la mansión de los virus en el amanecer de nuestros anhelos de alcanzar los ideales, los sueños y el amor perpetuo. Es un varón que nos honra a los hecelchakanenses.

 

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