ORGULLOSAMENTE HECELCHAKÁN


Mizar Filadefia Hernández Hernández


 

 

Hecelchakán,

hoy me quejo suavemente,

como las golondrinas,

ante la inmensidad de tus raíces.

 

Porque tu nombre me refleja frescura,

como manantial en el desierto;

porque es tu belleza misterio en mi alma.

 

Tu pasado no tiembla en soledad.

 

Eres la eterna Sabana del Descanso

para mi alma sedentaria.

 

Naces diario a diario entre mis versos

de risueña adolescente.

 

Todo me gusta de ti,

tu sonrisa blanca en las mañanas de escuela,

tu mirada que es canción.

 

Reflejas en tus trabajadores

el sudor que del pecho mana

para forjarte un futuro mejor.

 

En ti se refugia el recuerdo

de aquellas almas visitantes

que fueron en tu suelo

peregrinas margaritas.

 

Eres eco, lluvia, melancólico aire,

tristeza y aliento:

eres vuelo de paloma.

 

No me canso de mirar tu cielo,

porque el sueño de mis noches

para ti los guardo.

 

Tu hierba se seca y mi flor se marchita,

pero en mi océano primaveral

naces otra vez a la esperanza infinita.

 

Ay, si la luna hablara

te dijera con aquellos rayos permanentes

que eres la muchacha tímida

que invita a estar entre sus brazos.

 

Eres altivo,

eres un sueño en mi fantasía

y tus calles son largas jornadas

por donde paso regalándote mi silencio.

 

En ti anidan miles de corazones

y prosperas en todo tiempo.

 

Hecelchakán,

acepta esta rosa

formada con pétalos de mis versos

que perfuman tu grandeza y tu belleza  

en el firmamento de mi alma.

 

 

 

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