TU MI ESPÍRITU Y MI SANGRE,

HECELCHAKÁN


 

 

 

Hecelchakán de siempre,

eres el templo del amor

en el corazón de la "Sabana del Descanso";

eres el alma de la paz y del hogar feliz

en la tierra en donde el polen de mi vida apareció.

 

Y por eso te canto,

y por eso te amo

con la fuerza de mis dulces anhelos,

con la dicha que me da tu ternura

de mujer de barro,

de mujer celeste

como Ixchel, la diosa de la luna,

que acuna mi vida, mi raza y mi eterno alabarte.

 

Tú representas el árbol de la vida en donde moran mis sueños,
la ceiba gigantesca, el palacio verde

en donde el suspiro de mis días eternos

me dan el pan y el vino de la buena voluntad

y el balché de la paz y la alegría.

 

Eres la raíz del indio y el cántico moderno,

eres la sangre en donde laten el alma morena y blanca

de mis dos culturas:

Kukulcán y Don Quijote,

Jesucristo y Hunab Ku;

y el arte de hacer templos y escritura santa,

el uso del cero y la conquista de la luna,

porque en ti caben todos los tiempos.

 

Eres el altar

en donde el arca de la alianza y las ofrendas de jade y caracol
se yerguen para darnos santidad,

porque somos tus hijos que por siempre te adoramos.

 

De Jaina, Xkaluumkín y carabelas

es tu espíritu;

de pétreas sartenejas y jícaras de vidrio,
que son los dones

que proclamas como frutos de pureza.

 

Para ti entretejo guirnaldas de oraciones,
parvadas de mis cánticos,

rosarios de arco iris

y salmos de mi amor.

 

Para ti que has sido luz que me hizo voz,
estandarte de esperanzas

y espada perfilada hacia el futuro.

 

No quiero que dejes de ser sangre de bejuco,

no quiero que olvides las ciudades de piedras esculpidas,
no quiero que mueran tus hipiles y alpargatas;

porque son el fuego que da vida a mi memoria,

porque son el báculo que el cielo sostiene entre sus manos:
símbolos de mi poder,

tinta de mis epopeyas

y crepúsculos de tu gloria, Hecelchakán.

 

Así te quiero hasta el final de lo que venga.

Con el hacha del amor y cibernético de ideas.
Siempre luz,

siempre henequenal de paz, bondad y regocijo.

 

Así te quiero,

sagrado altar de mi perpetua gratitud ,

como columna del mundo

en medio de las cuatro direcciones de la tierra,

y en el infinito transcurrir de los solsticios y equinoccios.

 

Oh, espíritu y sangre de Juan Pérez y María Dzul Simá,
con todas las voces de tus hijos que hoy te amamos
te proclamo el templo de mis días

construido con el fuego de España y del Mayab,

con la paz del arco iris,
la dulzura de palomas

y el fulgor de los poemas.

 

Vive siempre en mi silvestre corazón

y en el suspiro de mi vida ,

dorado resplandor llamado Hecelchakán,

suprema luz de todos los que en nombre del amor te veneramos.

 

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